Las ventajas de ser árbol y no preocuparse de nada, tan sólo existir en el “aquí y el ahora”. Al hombre, en cambio, su libertad le impulsa a trazar su proyecto vital

¿Cómo asumes tu libertad?

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La naturaleza “vive” en presente.

Acepta lo que le ocurre. Está determinada desde su creación a ser lo que es. Un árbol no puede decidir un buen día que no quiere dar frutos, o que no va a realizar la fotosíntesis, o que no va a absorber nutrientes en sus raíces.

Tampoco podría quejarse de las inclemencias del clima, o de las estaciones del año cuando son particularmente adversas y le someten a duras pruebas de resistencia. Mucho menos comentar ese malestar con sus congéneres.

Al ser un ente natural, el árbol está “diseñado” para cumplir una función específica en el grupo de los seres de su especie.

Y esa función la lleva a cabo con una perfección tal, que no hay duda de su “competencia natural”. Sus tiempos, momentos y frutos son exactos y definidos.

Llueva o truene o lo castigue la nevada más fuerte, o los vientos le hagan doblar su robustez, el árbol resiste y continúa su labor: cumplir su ciclo natural.

Yo me pregunto: quizás también el árbol esté destinado a ser el ejemplo de vida que requiere el hombre en su caminar por el mundo. Aunque esa no haya sido la razón de su creación, sí es un gran ejemplo a seguir.

El hombre, en cambio, posee libertad.

Todo el camino del ser humano consiste en asumir una responsabilidad vital: la de su propia libertad personal.

Y ello se refleja en las decisiones que ha de tomar para crecer en pos de su realización plena.

A partir de este hecho simple y significativo, el hombre puede trazar infinitos caminos a su desarrollo.

Su libertad es garantía de que sus decisiones se originen siempre en su libre albedrío. Y las posibilidades a su alcance son múltiples.

Cada hombre es, por eso, dueño de su propio destino.

No está determinado por ninguna condicionante en el orden de la acción, salvo las que él mismo se imponga como limitante.

En cada hombre hay una naturaleza física-orgánica que opera irremediablemente en su existir, como el árbol.

Pero ello no determina lo que pueda hacer con su libertad. Lo determina su capacidad de asumirla como medio de crecimiento.

Tu libertad: carga o impulso

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La libertad humana se puede asumir de dos maneras: como una carga que es difícil llevar a cuestas, o como un principio de desarrollo de tu propia competencia vital.

Solo el hombre puede decidir sus caminos y variar sus horizontes de realización, en cualquier momento y circunstancia.

Si asumes tu libertad como una carga, estarás siempre en déficit respecto de tus posibilidades y capacidades de logro y de conquista de tus sueños. Te faltará compromiso, motivación, esfuerzo y visión para hacerlos realidad.

No se ha sabido nunca de nadie que triunfe en su vida acarreando un déficit tan notorio de carácter, resolución y compromiso.

Si no formas tu carácter, no estarás preparado para la conquista de tus metas superiores. No estarás siendo alguien a la medida los sueños que eres capaz de realizar.

Porque la altura de tus sueños está medida por la fortaleza de tu carácter, por el tamaño que eres como persona. Son equivalentes.

Alcanzar tus sueños implica haberte convertido en alguien distinto a quien eras cuando comenzaste a concebirlos: más fuerte, más experimentado, más prudente, más resolutivo.

Asumir tu libertad como tu propio ámbito de desarrollo, ampliará tus posibilidades creativas, de impulso, innovación, fuerza y resolución. Todo para llevar a cabo tu proyecto vital y alcanzar tus metas superiores.

Estarás construyendo un ser humano proporcionalmente adecuado al logro de tus metas superiores. Y no por que las metas sean arduas, que lo son, sino porque el carácter firme y fuerte de ese ser humano que tienes en tus manos es una garantía de que conseguirás tus sueños más ambiciosos.

Para llevar…

El árbol representa vivir el “ahora”, el “hoy” de cada día en el camino de tu vida. Saber controlar tu mente para que no divague y se instale en el pasado o el futuro, es una habilidad superior que proviene directamente de la forma en que asumes tu libertad.

Si bien el ente natural está determinado a ser lo que es; en el hombre, en cambio, esto no sucede así. El hecho de asumir tu libertad te capacita, en potencia, para emprender tus más ambiciosos proyectos vitales. De no hacerlo así, te condenarás a sufrir un estrepitoso fracaso en tu tarea más importante: crecer, desarrollarte y alcanzar la plenitud de tu vocación.

No permitas que tu mente divague y te robe tiempo para el logro de tus proyectos. Al vivir el “ahora”, como el árbol, estarás empleando tu vida en aquello que te debe ocupar principalmente: llegar a ser tú mismo en tu máxima expresión.

Tu pasado ya es historia y tu futuro no sabes si llegará para ti.

En tus manos está tu presente, ese “hoy” que, como el árbol, puedes disfrutar intensamente.

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Publicado por Eluranga

Escritor, viajero, coach y bloguero

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