Domina a tu juez interno y crea textos potentes con tu propia voz narrativa

Un censor eficaz de todo lo que haces, piensas, deseas… y escribes

Foto de George Desipris en Pexels

Te presento a tu juez interno.

Un guardián eficaz de todo lo que haces, piensas, deseas… y escribes.

Como este gran felino que te observa con atención. Un soberbio tigre de Bengala que te paraliza de miedo. Te acecha y te congela con su penetrante mirada.

Ahí sigue, mirándote; pendiente de cada paso que das, de cada idea que tienes, de cada intención que pretendes… de cada palabra que escribes.

Eres su presa.

Y a la menor provocación de tu parte, toda esa fuerza que estaba en reposo tensará su musculatura y te mostrará unos colmillos que podría clavar en tu carne, como puñales certeros, para aniquilarte.

Así es, lo estás viendo.

Y ni qué decir del zarpazo que te espera. Cinco uñas potentes unidas a un gran mazo y dirigidas al unísono para desgarrar tu cuerpo a la más leve insinuación.

Tu juez interno es implacable. No descansa. Te acosa de día y de noche. Se aprovecha de tus debilidades y te domina de manera persistente, perseverante.

Tú le perteneces. Eres suyo.

¿Es posible una relación con este tipo de «amigos»?

Tu escritura, y tú mismo, requieren liberarse de ese gran felino que te sojuzga y somete a cada instante: tu juez interno.

Al hacerlo descubrirás tu voz genuina, ese «yo» que reclama su lugar legítimo en el mundo.

En el ámbito de tu escritura, tu juez interno te obliga a seguir las reglas, a ser escrupuloso, políticamente correcto, a decir cosas apropiadas con propiedad, a pensar con racionalidad pura, en suma, a dejar de ser tu mismo para convertirte en otro más… del montón.

Tu juez interno te limita y te borra porque ocupa todo tu «yo».

Y sin embargo, no es posible eliminarlo. Forma parte de tí, como tu sombra.

Pero sí que es posible «domesticarlo». Traerlo a tu mundo. Enseñarle cómo colaborar contigo y sumar su fuerza y su perspicacia a tus intenciones más nobles y genuinas.

Y procura salir tú de su mundo, que es sólo defensa y ataque, acoso y aniquilación.

Tu originalidad proviene de que eres único e irrepetible; y tu voz, por tanto, expresa esa originalidad de una manera natural, fluida, sincera y verdadera.

Comprobarás entonces que ese gran tigre amenazante, acosador y autoritario, se convertirá en un lindo gatito que te acompañará en tu voz genuina de escritor.

El estará en tu mundo, y no tú en el de él.

Para llevar…

1. Aprende a controlar a tu juez interno, de lo contrario, él te controlará a tí.

2. Tu voz genuina y personal depende de la confianza y la flexibilidad con la que manejes a tu juez interno. Trátalo siempre como un recurso a tu servicio, y no como un factor atemorizante que te impone sus criterios.

3. La práctica continuada de la escritura expresiva te dará la soltura mental, emocional y lingüística que será el fundamento de tu voz narrativa. Aquella con la que puedes escribir tu historia verdadera desde tu yo verdadero.

. . .

Ernesto Leonardo Uranga Flores

eluranga@escribeya.com.mx

Publicado por Eluranga

Escritor, viajero, coach y bloguero

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